Tres cuadros, una misma historia de amor

Muchos son los cambios que se producen de la Edad Media al Renacimiento. La perspectiva de la vida es diferente. Alejados de la visión del valle de lágrimas, los humanistas buscan placeres terrenales que hagan sus días más placenteros. Del “Pantocrator” de Tahull, pasamos al “Hombre de Vitruvio” de Leonardo da Vinci. La literatura, la filosofía y el arte vuelven desde la Antigüedad y recobran nuevas fuerzas.

En esta vorágine de conocimiento e investigación, muchos pintores y escritores dan a conocer sus obras respaldados, en la mayoría de los casos, por poderosos mecenas. De entre todos ellos, me gustaría quedarme con dos: Rafael y Miguel Ángel. ¿Sabíais que eran coetáneos, que se conocieron y que ambos trabajaron para Papas? Dicen las malas lenguas, que si de Miguel Ángel hubiera dependido, habrían sido más que amigos. Pero, al parecer, Rafael estaba más interesado en otras lides. De hecho, aseguran que su prematura muerte pudo estar causada por un exceso en su vida amorosa. ¿Te apetece saber más?

Fíjate en estas imágenes:

fornarina Fornarina.

Rafael plasmó en este cuadro a su gran amor, la famosa Fornarina (era hija de un hornero). Fueron amantes, ya que el pintor  estaba casado, pero, a pesar de eso, no dudó en admitir esta relación: firmó la obra escribiendo su nombre en el brazalete de la mujer, como si ella fuera de su posesión.

Estaba tan obsesionado con la joven que, según cuentan, un banquero que lo había contratado para que pintara su palacio, le puso una cama en una de las habitaciones para que pudiera yacer allí con ella cuando le apeteciese, siempre que acabara el trabajo.

Siglos después, Ingres reflejaría esta relación así:

rafael fornarina ingres

Y no fue el único. Picasso retomaría la idea e iría más allá. Lejos del clasicismo del pintor francés, desnudó a los protagonistas e imaginó sus encuentros amorosos. En algunos de los grabados sobre el tema, incluso aparecen mirones (el Papa Julio II y el propio Miguel Ángel que contemplaría, atónito y celoso, los arrebatos de los amantes).

Picasso Fornarina Rafael

No podríamos acabar la historia sin hablar de la participación de Rafael Alberti. El poeta fue un gran amigo de Picasso y puso letra al “triángulo amoroso” en un original juego entre emisores y receptor:

SONETO DE LA FORNARINA A PICASSO

Gracias, maestro, por haber grabado

las empinadas cimas rumorosas

y el abismo sorbido o penetrado.

Maravilla de haberme revelado

en las posturas más maravillosas:

tronchado el cuerpo o por sus anchurosas

formas al viento en vilo levantado.

Gracias, maestro, os da la Fornarina

en nombre de su fino y bello amante,

también grabado en su pasión secreta:

el gallo siempre alerta o tremolante

dentro del horno fabricando harina

y en la mano el pincel y la paleta.

Rafael Alberti, “Sobre los amores secretos de Rafael y la Fornarina”

DE MIGUEL ÁNGEL A PICASSO

Peligroso maestro respetado,

que sin respeto por mis compañones

me haces mirar entre los cortinones

lo que en mi alcoba ver quisiera alzado.

No creas que me tienen arrobado

la hornacina, el altar, los cupulones

de ese edificio en que se descompone

el cuerpo de la amante derribado.

Es un esbelto fuste lo que admiro,

es su penacho por lo que deliro,

su basamento lo que así me inflama.

Nunca me enamoró la Fornarina,

sí Rafael…mas no tras la cortina

y menos ¡ay! debajo de la cama.

Rafael Alberti, “Sobre los amores secretos de Rafael y la Fornarina”

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