La poesía del S.XX sí se entiende ;)

Tras pasear la otra mañana por versos vanguardistas, hoy arribamos a un orilla más tranquila: la poesía del S.XX, enjambre de estilos, propuestas y palabras.

Sería complicado ofrecer una muestra completa, pero sí podemos acercarnos a algún que otro ejemplo. ¿Por qué no empezar por Sylvia Plath, la joven poetisa que sufrió graves alteraciones psicológicas por culpa del amor? Conozcámosla un poco más. Seguro que encontramos, entre las líneas, referencias a su agitada vida:

Sylvia_plath

Imagen: Wikipedia

Escayola

¡Nunca me liberaré de esto! Ahora soy dos personas:
ésta, completamente blanca, y la antigua, amarilla,
y la blanca es, sin duda, la más importante.
No necesita alimentos, es, ciertamente, uno de los santos
indudables. Al principio la odiaba, carecía de lógica propia.
Se pasaba los días en la cama conmigo, igual que un cadáver,
y yo me asustaba, pues su forma era idéntica a la mía,

aunque mucho más blanca, e irrompible, y jamás se quejaba.
Era tan fría que me tuvo despierta una semana.
Yo le echaba la culpa de todo, pero ella jamás respondía.
¡Qué ridícula conducta, yo no la entendía! Pero ella
guardaba silencio. La pegaba, pero no se movía,
pacifista sincera, y entonces me dije que deseaba mi amor:
comenzó a ser más cálida, y vi entonces sus muchas virtudes.

Sin mí no existiría, por eso me mostraba cariño.
Yo le daba alma, florecía de ella cual rosa
florece de un jarrón de porcelana barata,
era yo quien brillaba, no ella con su pulcra blancura,
como había pensado al principio. Yo entonces
la protegía un poco y ella estaba encantada, era claro
que su mente de esclava la regía.

Yo aceptaba su culto y a ella le encantaba.
Matinal, despertábame del sol al reflejo. En su torso
sorprendentemente albo lucía su pulcra
nitidez, y su calma y su dura paciencia:
mimaba mis debilidades como experta enfermera,
poniendo mis huesos en su sitio, para que se curasen.
Y, así, nuestro vínculo se volvió más firme.

Fue dejando de venirme tan justa, empezó a separárseme.
Yo notaba sus críticas a pesar de mí misma,
como si mis costumbres la ofendiesen de alguna manera.
Dejaba pasar las corrientes y volvióse distraída y lejana.
Y la piel me escocía y se me iba pedazo a pedazo
sólo porque ella me cuidaba con tanto desvío.
Vi por fin el misterio: se creía inmortal.

Quería dejarme, se pensaba superior a mí en todo.
¡Y yo que la tenía a oscuras, apilando rencores,
malgastando sus días al servicio de un semicadáver!
En secreto empezó a desearme la muerte. Y entonces
podría cubrirme la boca y los ojos, del todo cubrirme,
y llevar mi rostro pintado como funda de momia
con la faz faraónica, aunque fuera de barro y de agua.

Y yo no podía arrojarla de mí, se apoyaba
en mí tanto tiempo que me estaba volviendo inmóvil,
habiendo olvidado la manera de andar o sentarme,
por eso cuidaba yo mucho de nunca ofenderla
o jactarme imprudente de mi cierta venganza.
Esta convivencia era igual que vivir con mi tumba:
yo dependía de ella, aunque muy contra mi voluntad.

Solía pensar que podríamos vivir muy bien juntas,
tan unidas estábamos que pudieran pensarnos casadas.
Pero ahora comprendo que no compatíamos, que ella
sería una santa y yo fea e hirsuta, más tarde o temprano
tales diferencias caerían inanes, pues yo recobraba mi fuerza
y un día podría vivir sin su apoyo y entonces
su cáscara huera y muriente lloraría mi ausencia.

Picasso

Picasso

La otra

Llegas tarde, lamiéndote los labios.
¿Qué dejé intacto en el umbral: blanca Niké,
aullando entre mis muros?

Sonrientemente, azul relámpago
aceptas, como escarpia, el gravamen de sus partes;
Favorecido de la Policía, lo confiesas todo.
Cabello lúcido, limpiabotas, plástico viejo,
¿tan intrigante es mi vida?
¿Por eso agrandas tus ojeras?
¿Es por eso por lo que se alejan las motas de aire?
No son motas de aire, sino corpúsculos.

Abre tu bolso. ¿Qué es ese hedor?
Son tus medias, asiéndose
asiduamente a sí mismas,
son tus dulces pegajosos.

Tengo tu cabeza contra mi pared.
Cordones umbilicales, azulrojizos, lácidos,
chillan desde mi vientre, cual flechas, y cabálgolas.
O luz lunar, o enferma,
los caballos robados, las fornicaciones
circulan útero marmóreo.

¿A dónde vas
sorbiendo aire como kilómetros?

Lloran oníricos adulterios sulfúricos.
Cristal frío, ¿cómo te introduces entre yo misma y yo misma?
Araño como un gato.

La sangre que fluye es fruta mate:
un efecto, un cosmético.

Sonríes.
No, no es mortal.

Los amantes, René Magrite

Los amantes, René Magritte.

 

¿Os suena Fernando Pessoa? Fue un poeta portugués que llegó a crear 4 heterónimos para expresar sus diferentes creaciones literarias. Incluso se inventó sus biografías. Leamos algo de él:

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Álvaro de Campos em espelho, na visão de Almada Negreiros (multiartista português)

Tan pronto pasa todo cuanto pasa

 
¡Tan pronto pasa todo cuanto pasa!
¡Muere tan joven ante los dioses cuanto
muere! ¡Todo es tan poco!
Nada se sabe, todo se imagina.
Circúndate de rosas, ama, bebe
Y calla. Lo demás es nada.

 

de Fernando Pessoa o de Ricardo Reis

¿No os recuerda este poema a otros que ya leímos hace unos meses? ¿Qué tópico literario refleja?

locus-amoenus

El despertar de Adonis, Waterhouse.

Todas las cartas de amor son ridículas…

Todas las cartas de amor son
ridículas.
No serían cartas de amor si no fuesen
ridículas.

También escribí en mi tiempo cartas de amor,
como las demás,
ridículas. 

Las cartas de amor, si hay amor,
tienen que ser
ridículas. 

Pero, al fin y al cabo,
sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor
sí que son
ridículas. 

Quién me diera el tiempo en que escribía
sin darme cuenta
cartas de amor
ridículas. 

La verdad es que hoy mis recuerdos
de esas cartas de amor
sí que son
ridículos. 

(Todas las palabras esdrújulas,
como los sentimientos esdrújulos,
son naturalmente
ridículas).

* De su heterónimo Alvaro de  Campos

El poeta dedicó estos versos a una joven a la que amaba poco antes de morir. Si quieres conocer un poco más sobre esta historia, aquí te dejo un enlace 🙂

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Portada editorial: Porto Editora

http://www.elcultural.com/noticias/letras/Cartas-de-amor-de-Pessoa/4423 

Y hay muchos más: Borges, Pablo Neruda, Kavafis, Lorca…

Os invito a seguir navegando por este maravilloso mundo. Otro día, más 🙂

 

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