Semana de proyectos

La semana pasada trabajamos por proyectos en secundaria y 1º de Bachiller. La experiencia ha sido intensa y fructífera. Hemos aprendido mucho los unos de los otros y hemos trabajado juntos.

En el caso de 1º de Bachiller, la idea que hilaba las tareas era investigar cómo había cambiado el papel de la mujer desde el S.XVII hasta nuestros días.

Para averiguarlo, los alumnos buscaron información de personalidades como Mary Kingsley (exploradora), Dorothea Lange (fotógrafa), Clara Campoamor o Simon de Beauvoir. Se documentaron sobre sus vidas y sus trabajos.

Por otro lado, desde las asignaturas de Lengua y Literatura Castellana y de Literatura Universal, leyeron “Fuenteovejuna” y “Hamlet” para analizar el comportamiento de personajes femeninos que, por un motivo u otro, se ven ante situaciones complicadas y reaccionan de diferente manera.

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La pregunta final era, ¿qué harían hoy en día esas mujeres?

Para contestar llevaron a cabo varios cometidos: redactaron noticias sobre los temas trabajados, compararon la imagen de filósofas que habían influido en la sociedad con mujeres que lo hacen ahora, y, por último, prepararon todo lo necesario para montar una compañía de teatro en la que representar escenas reinventadas para la ocasión a partir de los personajes clásicos que habían conocido.

Calcularon el coste que les supondría crear dicha compañía, incluso el precio que tendrían que poner a las entradas. Luego también diseñaron trampantojos para ambientar las dos obras principales en las que nos basábamos. Además, dibujaron decorados.

 

Sólo faltaba que los alumnos dieran vida de nuevo a los personajes del Barroco y les ofrecieran la ocasión de actuar de una manera diferente a la que eligieron sus padres cuando los crearon.

Así, por ejemplo, Alba, Patricia y María decidieron dar otra oportunidad a Lady Macbeth y la perfilaron como una mujer más experimentada en el amor que Julieta y Ofelia, a las que recomendará no mostrarse demasiado pasionales. En un momento dado, derramará la laca de uñas roja en sus manos, haciendo alusión a la sangre que cree ver siempre en ellas.

O Julieta, que se presentará de nuevo enamoradiza e inocente, pero también se quejará cuando Romeo “la deje en visto” e intentará ligárselo en la próxima fiesta que se organice.

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Emilia, personaje secundario de Otelo, vendrá a calmar los ánimos de las jóvenes recordándoles aquello de que los hombres ven a las mujeres como comida y, una vez satisfechos, las eructan; aunque el aviso no será suficiente para que tanto Ofelia como Julieta se rebelen ante la sumisión y obediencia para dar rienda suelta al amor. Decidirán por ellas mismas y no dudarán a la hora de mostrar sus sentimientos hacia Romeo o Hamlet.

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Y más adaptaciones de los clásicos.

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Llevar adelante los proyectos ha supuesto mucho tiempo de dedicación por parte de todos, pero ha merecido la pena ver cómo hemos despertado el espíritu crítico de nuestros chicos.

 

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Desmontando a Shakespeare

¿Quién fue Shakespeare? ¿Lo sabemos con certeza? La mayor parte de sus datos biográficos son confusos. Sabemos que se casó con una mujer algo mayor que él porque quedó embarazada, también que el matrimonio no fue muy bien y que, al final, posiblemente por problemas con la caza ilegal, se marchó a Londres.

Allí entró en contacto con el ambiente del teatro, empezó a relacionarse con actores y compañías y también empezó a escribir.

Mucho se ha hablado de su verdadera identidad porque, ¿podía un hombre de aquella época tener los conocimientos necesarios para componer poesía y teatro repletos de referencias clásicas? ¿Hasta qué punto un joven con sólo estudios básicos tenía acceso entonces a historias medievales europeas, a la mitología y a los grandes autores grecolatinos?

La leyenda de otro escritor a la sombra planea sobre su cabeza. ¿Marlowe, quizás?

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Imagen Geralt

Porque no se trata sólo de esas referencias. Si releemos sus grandes dramas podemos plantearnos hasta qué punto Shakespeare fue sólo un escritor que rindió homenaje a otras épocas de Inglaterra y de Roma, que habló del amor, los celos, la venganza, la ambición, etc. o bien fue un hombre de una gran cultura que supo ver la parte más oscura del ser humano y la retrató en sus obras dejando ejemplos de lo bueno y lo malo que nos forma a través de personajes que ya son clásicos.

La vida está llena de conexiones invisibles (pero latentes) que nos hacen entender una lectura de manera diferente según nuestro estado de ánimo. Hace unas semanas, como preparación a una actividad de clase, me lancé a releer Otelo en busca de personajes femeninos que no son tan conocidos como Ofelia o Lady Macbeth para ver qué punto de vista de la mujer ofrecían. Para empezar, encontré un personaje que me desvió de mi primera idea. Iago me sorprendió desde el principio. Es un soldado con aspiraciones a capitán cuya ambición (explícita línea a línea) va de la mano de la traición. No se esconde:

“Así hago  siempre de mi loco, mi bolsa; pues profanaría mi propio conocimiento adquirido si gastara el tiempo con tal idiota si no fuera para mi diversión y provecho”, dice al final del I acto, y continúa explicando su plan contra Otelo: “El Moro es de carácter generoso y abierto, y cree honrados a los hombres en cuanto lo parecen, y se dejará llevar tan fácilmente por la nariz como los burros. Ya lo tengo: está engendrado. El infierno y la noche han de dar a la luz del mundo este engendro monstruoso”.

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Othello. película 1995. Wikipedia

El tiempo se ha encargado de relacionar a Otelo con los celos, y es cierto que es un tema presente en la obra, pero creo que si sólo lo dejáramos así nos estaríamos olvidando de una parte importante : el egoísmo, la ambición y la traición a cambio de un objetivo.

Si lo miramos bien, el personaje principal no es el Moro, sino este falso amigo que, una vez ganada la confianza de su superior, se lanza tras una venganza injusta.De hecho, no para hasta acabar con varios de sus allegados, incluida su mujer.

Su frialdad asusta: “He restregado a este muchachito casi hasta lo vivo, y se está enojando. Ahora, tanto si mata a Cassio como si Cassio le mata a él, o si se matan mutuamente, de todos modos, es ganancia mía”, declara al principio del V acto.

Si seguimos la evolución de sus palabras a lo largo de toda la obra, queda claro que es la mano que teje la red en la que Otelo, crédulo y flojo en cuestiones personales, caerá induciéndole a asesinar a Desdémona, inocente presa desde el principio hasta el final.

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Desdémona, película 1995. Pinterest.

Y aquí llegamos a otro punto interesante para intentar desgranar las intenciones de Shakespeare. En muchas de sus obras relaciona a las mujeres con la frialdad, la maldad y el interés (la reina Gertudris, lady Macbeth, las hermanas mayores de Cordelia en el Rey Lear); en otras ocasiones las muestra dóciles, inocentes y obedientes (Ofelia); o habla mal de ellas cuando expresa el desagrado que le produce verlas maquilladas. Hamlet, en el III acto le espetará a Ofelia: “Sé muy bien lo de vuestros afeites. Dios os da una cara y vosotras os hacéis otra. Andáis a saltitos o pausado, gangueando bautizáis todo lo creado, y hacéis pasar por inocencia vuestros dengues”.

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Ofelia, Waterhouse. Wikipedia.

Si nos quedáramos ahí, sería fácil caer en la idea de que estamos ante un escritor machista. ¿Pero sería acertado? ¿Criticaba Shakespeare a las mujeres o simplemente plasmaba una realidad que se daba en aquel momento?

Prefiero quedarme con esta segunda opción. Y algunos personajes femeninos vienen a corroborarlo. Tanto Julieta como Desdémona rompen las normas establecidas, desobedecen a sus padres y  se casan a escondidas con los hombres que aman. Cierto, aunque alguien podría alegar que ambas acaba muriendo… ¿Castigo?

Película Romeo y Julieta, 1996

Quizá, para salir del entuerto, nos sirvan las palabras sorprendentes de Emilia, esposa del traidor Iago quien, al final del IV acto (Otelo), expone de manera contundente un alegato en defensa de la igualdad entre géneros ¡en el S.XVII! mientras habla con Desdémona de la infidelidad en la pareja.

DESDÉMONA: (…) ¡Ah estos hombres, estos hombres! Dime, Emilia, ¿crees en conciencia que hay mujeres que engañan a sus maridos de ese modo tan bajo?

EMILIA: Hay algunas, no cabe duda.

DESDÉMONA: ¿Harías tú algo así por nada del mundo?

EMILIA: Pues, ¿no  lo haríais vos?

DESDÉMONA: No, por esta luz del cielo.

EMILIA: Yo tampoco con esta luz del cielo: más me valdría hacerlo a oscuras.

(…)

DESDÉMONA: No creo que haya semejante mujer.

EMILIA: Sí, una docena, y tantas por añadidura como para llenar el mundo por el que han pecado. Pero creo que es culpa de los maridos si caen las mujeres, sea que aflojen en sus obligaciones y viertan nuestros tesoros en regazos extraños, sea que les dé por malignos celos, imponiéndonos sujeción, sea que nos peguen, o nos reducen nuestros medios por despecho. En fin, nosotras tenemos nuestra bilis, y aunque tengamos bondad, también sabemos vengarnos. Que sepan los maridos que sus mujeres tienen sentidos como ellos: ven, y huelen y tienen paladar para lo dulce y lo agrio, igual que los maridos. ¿Qué es lo que hacen ellos cuando nos cambian por otras? ¿Es un juego? Creo que lo es, y ¿lo produce la pasión? Creo que sí. ¿Es fragilidad lo que así yerra? Así es, también. ¿Y no tenemos nosotras pasiones y deseos de juego, y fragilidad, como los hombres? Entonces, que nos traten bien: si no, sepan que en los males que hacemos, sus males nos enseñan.

Es un testimonio inesperado para la época, ¿no creéis?

Es cierto que en las principales tragedias que escribió prevalece la imagen de mujeres frías, calculadoras o demasiado obedientes. Por eso me sorprende Emilia. ¿Y vosotros? ¿Habéis encontrado algún personaje de Shakespeare que os haya llamado la atención?

Os invito a leer sus obras. Seguro que encontraréis en ellas temas que siguen dándose hoy en día, y es que, por eso es un clásico, porque supo retratar con mano magistral los deseos, ideas, retos, preocupaciones, situaciones, etc. que desde siempre se han relacionado con el ser humano.

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Ilustración de Prawny

Recientemente leí un artículo precioso sobre el poder de la literatura para conectar con nuestros sentimientos. Se titulaba “La lengua del silencio” y estaba escrito por Elisa Rodríguez Court. Una de las frases decía: “la literatura es capaz de darle forma y sentido al silencio que nos habita, haciendo visible lo oculto y lo desconocido”. Adentrarse  en el mundo de Shakespeare (y del resto de los clásicos) es la mejor opción para darle voz a esos sentimientos que no sabemos cómo expresar.